Esta es mi declaración

«Yo quise cambiar el mundo, y tal vez ese mundo me cambio, y hay noches que me hundo entre la nada para alcanzar la misma conclusión»

Soy una genocida. He mutilado (casi) toda antigua idea viviente, y eso es inmoral en cualquier rincón del plano. Es inmoral hasta que es porque debe ser, punto en que la moral muta su o en u y cierra. Etapas, visiones, propósitos. Y aparece, mal pintado, un mural histriónico que convence o compunge, que amedrenta o absuelve. Pero ya lo anterior, desabrido, y lo vigente, a saber, y lo que viene, tan sólo viene. Tan solo viene.

Este es el punto al que me han llevado las preguntas a las que he intentado responderme en la vida. Del punto hacia atrás: intransitable. Demasiadas letras con las que lidiar.

Hablemos. Pero por boca de otros, al más puto estilo American History X. Y a partir de aquí, sepamos: que el pasado es una historia que nos contamos a nosotros mismos, que somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros, que crecer es aprender a despedirse, que siempre se cumplen las expectativas de quienes no esperan nada de uno, que la vida es un completo sinsentido, y a la vez, lo más significativo que jamás experimentaremos.

Solo hay cuatro momentos para escribir: cuando nadie quiere leerte, cuando no crees que alguien pueda querer leerte, por si alguien quisiera leerte y cuando no quieres que nadie te lea. Yo ni siquiera sé si escribo. ¿Cómo pretender entonces hacerme tales preguntas? Así que sin más, para ti, que has llegado hasta aquí, declaro: mis líneas no son de nadie, pero si las quieres, son tuyas.

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